lunes, 15 de octubre de 2012

Un aplauso por mí. He conseguido llegar menos de 15 minutos tarde al sitio donde he quedado con Lilly. Pensaba que me iba a echar la bronca, como de costumbre, pero todavía no ha llegado. Me siento en el suelo y me enciendo un cigarro mientras la espero. Me da tiempo a escuchar dos canciones de mi Ipod cuando la veo viniendo con la cara llena de pintura. Llega a mi altura, me da un abrazo fugaz y me dice entre sofocos:
- Lo siento, lo siento, lo siento! Acabo de salir de clase, estaba a punto de terminar el cuadro y no quería dejarlo a medias.
- Traaanqui, acabo de llegar, ¡ni que no me conocieras!
Sonreímos y vamos camino de un supermercado para comprar helado, galletas y un montón de chuches que comer durante la tarde. El frío que hace y lo vagas que somos hacen que terminemos en su casa viendo “El Diario de Noa”.
Lilly y yo somos amigas desde hace 3 años, pero cualquiera diría que lo somos desde siempre. Ella y yo. Una extraña mezcla. Ella rubia, yo morena, ella pelo rizado, divertido, desastroso, yo liso y perfectamente colocado hacia un lado. Ella bajita, yo alta. Sus muñecas lisas con tal vez alguna goma encontrada de casualidad, las mías llenas de pulseras de todo tipo, eso sí, negras siempre. Su cuello con una fina cadena de oro y un delicado colgante, el mío cambiante cada día, con muchísimas cadenas hasta el ombligo.
Terminamos de ver la peli y de vaciar toda la despensa de comida. Seguimos con lágrimas en los ojos, bajo el edredón, a oscuras, en el sofá. Entonces, me decido a hablarle de lo que me había estado comiendo la cabeza todo el día.
Oye, Lilly, te tengo que contar una cosa.
- ¿Qué cosa?
Antes de quedar contigo he estado con Santi.
- Uuuuuh – dice entre risitas y haciéndome cosquillas. - ¿y qué tal, eh?
- Lo he dejado.
Entonces su sonrisa desaparece de repente y me mira seria.
¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
Las dos nos encendemos un cigarro.
Soy lo peor, ya lo sé. Siempre me pasa lo mismo, pero no soy capaz de seguir una relación a partir de los 3 meses. Me asusto. No quiero enamorarme.
- Pero... ¡estabais tan bien juntos! ¿Así de repente, Anna? ¿Sin más?
Bueno, hace unos días vino a mi casa. A las 2 de la mañana. Salí y dimos una vuelta en su coche. A la vuelta, me dijo que me quería. ¡QUE ME QUERÍA! Y no sé, no lo había pensado antes, la verdad, pero no me gusta la idea. O sea, sí, pero no… ¿Entiendes?
 Ay, no me gusta decirte esto, pero algún día tendrás que dejar de huir así, ¿no te parece un poco cobarde lo que has hecho?
Ahora sí estoy llorando. Mucho. Y no precisamente por la película que acaba asquerosamente bien y feliz.
 Sí, sí, ya lo sé, pero el amor es una mierda, y no quiero pasarlo mal. Suena egoísta, pero también tengo derecho, ¿no? No quiero ser la novia de nadie. No quiero depender de alguien. No quiero ser de alguien, a secas. Solo soy de mí misma. Si me enamorase de él, tendría poder sobre mí. Odio eso.
Lilly le da una última calada a su cigarro, echa el humo y me da un beso en la frente.
No te engañes, el amor no es una mierda. Y dolerá el rechazo, dolerá la soledad, dolerá el vacío, pero no el amor.

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