lunes, 20 de agosto de 2012

Y de mi sarta de mentiras ésta es la peor.


¿Qué me dices si te digo que de todas tus mentiras, "lo siento era mi favorita? 
Esta mañana he vuelto a pasar por aquel rincón de La Latina donde solíamos quedarnos cuando era la ginebra la que controlaba nuestros cuerpos. Me acorde de Luis, de Javi, de Cris, y, por supuesto, de ti. ¿Cómo les irá? ¿Cómo te irá? No pude evitar pensar en la última mañana que pasé contigo. Tus "buenos días, bella durmiente" me eran habituales. Y es que no era sólo eso, eran tus labios que me llamaban.
Era tu manera de estremecerte al besarte detrás de la oreja izquierda. 
Eran tus manos acariciando mi espalda.
Eran tus dedos escribiendo en mí, tratando de hacerme adivinar lo que ponías.
Era tu maldita guitarra que nunca llegué a escuchar.
Eran tus enfados ridículos - tus excusas para buscar más besos.
Era porque yo era yo, y tú eras... Pues tú.
Hoy me siento y escucho por tí la canción "I Don't Want To Grow Up". Al fin y al cabo, ése eras tú. Porque todo lo bueno tiene su malo, y tú te reflejabas en una simple canción de los Ramones. Supongo que ha pasado tanto tiempo que ya no importa. 
Que conste que no te echo de menos. 

No tengo ganas de encontrarme con cualquiera.


Romper a llorar. Romper a reír. No se dice “romper a andar” o “romper a comer”. Se rompe a llorar o a reír. Me gusta.
Me lo apunto como nota mental para incluirlo en alguna canción mientras voy andando por el metro. “Guns of Brixton” de The Clash resuena en mis oídos mientras subo las escaleras mecánicas de Diego de León. Después de subir los 25 peldaños de todos los días, paso por la simpática guitarrista que me dedica una sonrisa. Se la devuelvo. Sigo andando, pero no consigo dar cinco pasos más, así que decido volver donde se encontraba Marga, la guitarrista, y le pregunto:

- ¿Alguna vez has pensado en las expresiones “romper a llorar” y “romper a reír”? ¿Por qué se dirá “romper a”? ¿Por qué sólo con “reír” y con “llorar”? Por cierto, disculpa, ni te he saludado. ¿Qué tal estás, Marga?

Mi amiga se ríe. A pesar de sus cuarenta y bastantes años, es una mujer atractiva. Tiene el pelo rizado, muy negro, alborotado con alguna que otra cana. Encima de unas leves arrugas, unos ojos muy oscuros subrayados con maquillaje negro. Labios carnosos siempre pintados de rojo. En las comisuras también tiene algunas arrugas. Pero esas me gustan. Son de sonreír.

- Muy bien, hija, ¡me alegro de verte! Ay, menuda pregunta... Nunca lo había pensado.

Reflexiona unos instantes, yo la miro de cuclillas en frente.

- Puede que rompamos a llorar porque en realidad,nos rompemos por dentro, nos desgarramos. Duele. Cuando rompes a llorar, es de repente.¡ZAS! Como si rompieras un jarrón contra el suelo. Te encuentras en el hombro de tu amiga sollozando frases que no entiendes ni tú. 

Estoy tan absorta por las teorías de Marga que se me ha olvidado que llevaba prisa. Vuelvo a la Tierra.

- Creo que mañana vendré con una libreta para apuntar todas estas cositas. Lo siento mucho, me quedaría aquí contigo, ya lo sabes, pero llego tarde a trabajar.

- No te preocupes, guapa, ya sabes dónde encontrarme.

Mientras me pongo la mochila en el hombro y me alejo corriendo le grito:

- ¡Queda pendiente la explicación de la parte divertida!

viernes, 17 de agosto de 2012

"Tú tirano, yo flan"


Hola, ¿estás ahí? No, espera, no contestes, me toca a mí hablar. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti sí. Já, con todo lo que yo soy, es muy difícil enfadarse contigo. Te sigo guardando rencor, no te hagas ilusiones.

Bueno, ¿qué te parece? ¿Estoy guapa? Me ha costado unas 3 horas delante del espejo y comederos de cabeza, pero lo he conseguido, o eso me parece.

No me mires así.  Ha pasado tiempo pero ¿cómo quieres que me olvide de tí si todos los días me despierto junto a la vieja camiseta que me regalaste? Tú y tus malditas notitas adorables arrugadas por mi casa en plan: "Me dices "Quiéreme". Qué graciosa. Como si tuviera la opción de hacer lo contrario. Como si mi cabeza/corazón/cualquier-otro-órgano-que-designe-amor fuera por voluntad propia un desastre desde que te conozco."

Que cuando todavía los dos nos comíamos los mocos nunca pensé que esto sería ser adulto. Tener un contador que marque 220 y conducir máximo a 60.

Por mi parte, no he cambiado, o al menos, no mucho. Sigo teniendo las cosquillas de siempre detrás de la oreja, el invierno sigue siendo mi peor enemigo, me sigues enamorando si me tocas la guitarra, y, dos años después, sigo llevando demasiado mal lo de no estar contigo.

No te pregunto quién eres tú ahora porque no me fiaría de tu respuesta.  No sé si sigues siendo el de siempre, en el que no te puedes fiar porque siempre va a hacer lo contrario de lo que te esperas. Si quieres blanco, te dará negro. Si algo he aprendido este tiempo es que tus palabras no valen una mierda.

Ya termino, sólo déjame preguntarte qué haces aquí. ¿Una biblioteca? ¡Por favor! ¿Qué ha sido del Abel que conocía? Un parque, una acera, un portal, la calle, un andén de metro, me esperaba cualquier sitio antes de encontrarte aquí. Me rompes los esquemas (qué raro, ¿no?)