viernes, 17 de agosto de 2012

"Tú tirano, yo flan"


Hola, ¿estás ahí? No, espera, no contestes, me toca a mí hablar. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti sí. Já, con todo lo que yo soy, es muy difícil enfadarse contigo. Te sigo guardando rencor, no te hagas ilusiones.

Bueno, ¿qué te parece? ¿Estoy guapa? Me ha costado unas 3 horas delante del espejo y comederos de cabeza, pero lo he conseguido, o eso me parece.

No me mires así.  Ha pasado tiempo pero ¿cómo quieres que me olvide de tí si todos los días me despierto junto a la vieja camiseta que me regalaste? Tú y tus malditas notitas adorables arrugadas por mi casa en plan: "Me dices "Quiéreme". Qué graciosa. Como si tuviera la opción de hacer lo contrario. Como si mi cabeza/corazón/cualquier-otro-órgano-que-designe-amor fuera por voluntad propia un desastre desde que te conozco."

Que cuando todavía los dos nos comíamos los mocos nunca pensé que esto sería ser adulto. Tener un contador que marque 220 y conducir máximo a 60.

Por mi parte, no he cambiado, o al menos, no mucho. Sigo teniendo las cosquillas de siempre detrás de la oreja, el invierno sigue siendo mi peor enemigo, me sigues enamorando si me tocas la guitarra, y, dos años después, sigo llevando demasiado mal lo de no estar contigo.

No te pregunto quién eres tú ahora porque no me fiaría de tu respuesta.  No sé si sigues siendo el de siempre, en el que no te puedes fiar porque siempre va a hacer lo contrario de lo que te esperas. Si quieres blanco, te dará negro. Si algo he aprendido este tiempo es que tus palabras no valen una mierda.

Ya termino, sólo déjame preguntarte qué haces aquí. ¿Una biblioteca? ¡Por favor! ¿Qué ha sido del Abel que conocía? Un parque, una acera, un portal, la calle, un andén de metro, me esperaba cualquier sitio antes de encontrarte aquí. Me rompes los esquemas (qué raro, ¿no?)

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