Romper a
llorar. Romper a reír. No se dice “romper a andar” o “romper a comer”. Se rompe
a llorar o a reír. Me gusta.
Me lo apunto
como nota mental para incluirlo en alguna canción mientras voy andando por el
metro. “Guns of Brixton” de The Clash resuena en mis oídos mientras subo las
escaleras mecánicas de Diego de León. Después de subir los 25 peldaños de todos
los días, paso por la simpática guitarrista que me dedica una sonrisa. Se la
devuelvo. Sigo andando, pero no consigo dar cinco pasos más, así que decido volver donde se encontraba Marga, la guitarrista, y le pregunto:
- ¿Alguna vez has
pensado en las expresiones “romper a llorar” y “romper a reír”? ¿Por qué se
dirá “romper a”? ¿Por qué sólo con “reír” y con “llorar”? Por cierto, disculpa,
ni te he saludado. ¿Qué tal estás, Marga?
Mi amiga se ríe. A pesar de sus cuarenta
y bastantes años, es una mujer atractiva. Tiene el pelo rizado, muy negro,
alborotado con alguna que otra cana. Encima de unas leves arrugas, unos ojos
muy oscuros subrayados con maquillaje negro. Labios carnosos siempre pintados
de rojo. En las comisuras también tiene algunas arrugas. Pero esas me gustan.
Son de sonreír.
- Muy bien, hija, ¡me alegro de verte! Ay, menuda pregunta... Nunca lo había pensado.
Reflexiona unos instantes, yo la miro de cuclillas en frente.
- Puede que rompamos a llorar porque en realidad,nos rompemos por dentro, nos desgarramos. Duele. Cuando rompes a llorar, es de repente.¡ZAS! Como si rompieras un jarrón contra el suelo. Te encuentras en el hombro de tu amiga sollozando frases que no entiendes ni tú.
Estoy tan absorta por las teorías de Marga que se me ha olvidado que llevaba prisa. Vuelvo a la Tierra.
- Creo que mañana vendré con una libreta para apuntar todas estas cositas. Lo siento mucho, me quedaría aquí contigo, ya lo sabes, pero llego tarde a trabajar.
- No te preocupes, guapa, ya sabes dónde encontrarme.
Mientras me pongo la mochila en el hombro y me alejo corriendo le grito:
- ¡Queda pendiente la explicación de la parte divertida!
- Muy bien, hija, ¡me alegro de verte! Ay, menuda pregunta... Nunca lo había pensado.
Reflexiona unos instantes, yo la miro de cuclillas en frente.
- Puede que rompamos a llorar porque en realidad,nos rompemos por dentro, nos desgarramos. Duele. Cuando rompes a llorar, es de repente.¡ZAS! Como si rompieras un jarrón contra el suelo. Te encuentras en el hombro de tu amiga sollozando frases que no entiendes ni tú.
Estoy tan absorta por las teorías de Marga que se me ha olvidado que llevaba prisa. Vuelvo a la Tierra.
- Creo que mañana vendré con una libreta para apuntar todas estas cositas. Lo siento mucho, me quedaría aquí contigo, ya lo sabes, pero llego tarde a trabajar.
- No te preocupes, guapa, ya sabes dónde encontrarme.
Mientras me pongo la mochila en el hombro y me alejo corriendo le grito:
- ¡Queda pendiente la explicación de la parte divertida!
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