domingo, 7 de octubre de 2012

SIN TI YO NO.

6 de diciembre, 2003
Sentado a mi lado en el banco, me dice "El alcohol no es la respuesta, pero si bebes lo suficiente, tal vez olvides la pregunta".
Acto seguido, me pasa la botella medio llena (o medio vacía...) de ron y, tras darme un leve beso en la frente, se pierde entre las sombras.

3 de noviembre, 2003
Viajo entre los lunares de su cuello con los dedos. Recorro kilómetros de piel besables, acariciables, mordibles. Me topo con el que tiene forma de luna en su pecho. Me encanta. Me coge de la cintura bruscamente y me sienta encima de él. Me fijo en los adorables hoyuelos que se forman cuando sonríe. Le intento decir que me tengo que ir pero me calla con un beso (un beso de ÉSOS) y claro...

18 de diciembre, 2003
Quien me conozca sabe que es totalmente contrario a mí arrastrarme como lo he hecho. Creí que al menos serviría de algo.
- Pensé que no vendrías.- le digo
- Yo también.- me contesta, pero guarda un metro prudencial de distancia entre los dos.
No me da tiempo a pensar en lo que voy a decir después, porque salta él:
- No te ofendas, pero la verdad es que sólo pasaba por aquí de casualidad y hoy no tengo tiempo para hablar. ¿Te importa que quedemos otro día?
- Vale.
- Si eso te llamo más tarde.
Me da un "beso" fugaz que no estoy segura ni de haber notado mientras me dice "chao" y se aleja por el puente. Al minuto ya se ha perdido entre la multitud.

20 de diciembre, 2003
Llevo dos días sentada frente al teléfono, impaciente e ilusionada. Pero la única persona que llama es Rosa, la mujer de la compañía de teléfono. Acabo echándome a llorar en medio de su oferta de mensajes y contándole mis problemas a cambio de contratar una tarifa plana.

17 de octubre, 2003
Tenemos 17 años y, sin embargo, aparentamos 7.
No me refiero a las pompas de jabón que vamos haciendo por la calle a veces, ni a cuando pisamos charcos los días de lluvia para salpicarnos. Tampoco hablo de los concursos que hacemos por pleno centro de Madrid consistentes en pronunciar una palabra obscena cada vez más alto hasta que nuestras gargantas se quejen de dolor. No.
Ahora mismo hemos mezclado todos los ingredientes de mi cocina y de mi cuarto de baño y nos hemos embadurnado de la extraña mezcla de la cabeza a los pies.
Las horas se me pasan volando. Me encanta este chico, ojalá todo sea así de fácil siempre.

21 de diciembre, 2003
Definitivamente, ese sinvergüenza no me va a llamar. Sí, antes, los días que nos enfadábamos no solían durar mucho porque teníamos cosas importantes que contarnos. Pero ahora es diferente. Cuanto más pienso en él, siento más rabia dentro de mí.
Él y su feo lunar en el pecho (¡parece una mancha!). Él y su sonrisa estropeada. Él y su odiosa manía de interrumpirme cuando hablo. Él y sus horribles maneras bruscas de cogerme.
Me equipo de helado de chocolate, y, tras ver una película terriblemente cursi, me dispongo a hibernar unos dos días.

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